martes, 21 de diciembre de 2010

El jamón de la discordia

En varios diarios españoles se publicó recientemente una noticia que en principio mueve a risa, pero que luego de leerla con mayor detenimiento no provoca precisamente la carcajada: “Una familia musulmana denuncia a un profesor tras una discusión por hablar de un jamón”. (Titular del diario El País, del lunes 20 de diciembre de 2010).

Según otro diario español, El Mundo, el profesor José Reyes Fernández, del Instituto de Enseñanza Secundaria Menéndez Tolosa, de la Línea de Concepción, Cádiz, en la región de Andalucía, comentó en clase de geografía sobre el clima de las Alpujarras granadinas, las cuales tiene un efecto beneficioso en la curación del jamón de Trevélez. El comentario lo utilizaba como ejemplo de las diferencias entre los climas fríos.

Un alumno musulmán, según cuenta la crónica del diario madrileño, manifestó su enojo por la mención del jamón, pidiéndole al profesor Reyes Fernández que no mencionara dicho producto nuevamente por respeto a su credo religioso, el Islam. El profesor le contestó al alumno que él no podía decirle que hablar o que no en la clase, además de decirle al alumno que no tenía importancia lo que este comiese o que religión profesaba.

El profesor, según la crónica de El País, le hizo saber también al estudiante que se debía adecuar a los demás 29 alumnos de la clase, no ellos a él.

Tras la disputa en clases el alumno ha informado a su familia lo ocurrido (desconocemos de que manera informó, con que matices). El resultado es una investigación abierta bajo los cargos de “insulto” y “menosprecio de las creencias” del alumno, y las declaraciones del profesor ante la Policía Nacional española.

Como “ridículo, grotesco e insostenible” califica el maestro lo que está aconteciendo, reservándose la posibilidad de demandar a la madre del alumno islámico bajo los cargos de difamación. El profesor asegura no haber insultado al alumno, como sostiene la familia del afectado.

Los valores culturales y los religiosos, mayoritarios o minoritarios, incluso la falta de credo religioso, deberían ser respetados por los integrantes de cada sociedad, independientemente de las ideas y preceptos diversos que tengan sus habitantes, nacionales y extranjeros.

Los estados deben estar abiertos y con capacidad de respeto hacia las manifestaciones culturales y religiosas de los habitantes extranjeros, pero las personas procedentes de otras naciones y culturas también tienen un deber de respetar lo que en el país diferente aprecian, quieren y desean.

El problema ni siquiera radicó en la presencia física de jamón alguno, sino de su simple mención. Como muchas personas sabrán el cerdo y todos sus derivados está prohibido en las culturas islámicas. Cada religión tiene el derecho a determinar (resulte o no racional) que acepta y que no.

Pero el caso es que el alumno musulmán (del cual no se revela la nacionalidad) no estaba en un aula de clases en un país de creencias mayoritariamente islámica, estaba en un aula de un país históricamente de mayoría cristiana, en el cual incluso una parte apreciable de su población se considera laica o atea en la actualidad. Por cierto, el ateísmo sería y es para algunos cristianos una forma incluso de provocación, más que el ejercicio de otra religión.

¿Debió el profesor tener en cuenta antes de tomar el jamón como figura para un ejemplo climatológico la potencial molestia que podía provocar en el alumno? Si el profesor tiene plena conciencia, como seguramente debía tenerla, de la procedencia y posiblemente del credo religioso de dicho alumno, ¿debió cohibirse de este y otros ejemplos que pudiesen interpretarse como atentatorios a la sensibilidad de personas de creencia islámica?

Pudo hacerlo, pero al precio de cohibirse tomando al jamón como ejemplo, producto cuya mención en España, donde ocurrió el hecho, no sería nada problemático para la mayoría de los nacionales, incluso hasta para los vegetarianos y naturistas. Un ejercicio nada estrafalario de racionalidad implicaría que si un alumno vegetariano o naturista en la misma clase hubiese escuchado la palabra jamón no debía ser una afrenta ni una provocación hacia él, ni mucho menos un estímulo para abandonar sus prácticas no cárnicas.

Si el alumno musulmán quizá simplemente hubiese comentado o informado que en su religión la carne de cerdo y sus derivados está prohibido, pues quizá simplemente todo se hubiese quedado en un cruce de ideas sobre diferencias culturales, nada extraordinario en medio de una clase de geografía.

Pero pongamos por caso que el estudiante fuese español, y por razones que no vienen al caso, profese la fe musulmana. ¿Estaría en el derecho de intentar prohibir el ejemplo del jamón? Tampoco. Sencillamente debería entender que así como el siente una pertenencia hacia determinado credo otras personas tienen otros, o no lo tienen. Y punto.

La noticia, repito, en primera impresión mueve a risa, pero al poner más atención a los detalles mueve a preocupación. Será algo minúsculo en comparación con enormes problemas globales (hambre, medio ambiente, crisis económica), pero a mí entender en una pequeña muestra de uno de los grandes fallos de la raza humana: la enorme dificultad para entender al otro, para aceptar las diferencias.