miércoles, 26 de agosto de 2009

¿Efectivo, crédito o débito? Elija usted

La facilidad y comodidad –para muchos- de andar con nada o casi nada de dinero en efectivo ante la presencia de las tarjetas de crédito y/o débito, hace que muchas personas no puedan lógicamente pagar un bien o un servicio sin las "mágicas" tarjetas, mucho menos ofrecer una limosna o una ofrenda. La iglesia católica en Costa Rica ha notado esto, posiblemente ante una merma de las contribuciones de sus feligreses. Por eso harán una prueba mediante la cual la Visa, Mastercard o American Express podrán ser aliadas de las iglesias y parroquias ticas.

Al leer la noticia alrededor del 12 de agosto del presente año pensé inicialmente si no estaba leyendo algún portal humorístico. No. La noticia estaba fechada por la agencia de noticias españolas EFE. El proyecto es liderado por la Diócesis de San José, la capital costarricense; junto a dos bancos emisores de tarjetas. El plan iniciaría en septiembre del presente año, teniendo un periodo de prueba de seis meses, en el cual estará disponible en 13 de las 110 parroquias de la provincia de San José.

El donativo mínimo será de 1,7 dólares, que serán cobrados a quienes decidan ofrecer la limosna. Para tales fines habrá los aparatos especializados para tales fines instalados en las oficinas parroquiales. Si el proyecto funciona se podría extender a otros templos católicos. Pero, la iglesia seguirá utilizando las cajas y bolsas tradicionales para recibir estos emolumentos.

La información también abarca las declaraciones de un miembro de la Diócesis de San José afirmando que dicha medida es para proporcionar a los fieles opciones nuevas de pago acorde a sus preferencias.

No puedo ni debo afirmarlo, especialmente porque conozco poco o nada de la generosidad o la racionalidad costarricense respecto al dinero, pero no sería nada sorprendente que varios feligreses que nunca andan con un céntimo en la cartera o los bolsillos tomasen a partir de septiembre la precaución de salir de sus casas con el equivalente de 0.50 centavos de dólar, o 0.75 o un dólar antes de llegar a la iglesia. Al fin y al cabo, en América Latina todavía hay muchas personas que tienen que vivir con un equivalente de dos dólares o menos al día.

¿Es aceptable? ¿Es condenable? A priori ni niego ni afirmo ninguna de las posibilidades de plantearse el tema, pero si me parece extraño y un poco desconcertante que un símbolo tan claramente capitalista como las tarjetas de crédito y débito tengan un hogar en los templos de culto católico. ¿O es realmente extraño? ¿No pecaré quizá de ingenuidad? ¿Acaso no es ingenuo de mi parte disociar de manera tan radical iglesia católica y capitalismo?

Además, al afirmarse en la noticia que esto es para proporcionar opciones de pago según las preferencias de los feligreses, ¿se está realmente respetando las preferencias de los mismos? ¿Preferencia no sería ofrecer la limosna o no ofrecerla, no tanto el medio en el cual ofrecerla dejando fuera la posibilidad de no darla? No me deja de inquietar que el término “preferencia” sea utilizado por la iglesia católica –y otros credos más-, cuando generalmente sus bases de sustentación se alimentan de dogmas, que por lo general es el reverso de la libertad, elemento fundamental para poder elegir preferencias. ¿Seguiré pecando de ingenuo?

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