miércoles, 20 de mayo de 2009

Benedetti por Benedetti

Ayer escribí un post sobre Mario Benedetti. Hoy no pienso escribir de nuevo sobre uno de los autores más queridos de Latinoamérica. Hoy solo quiero compartir algunos versos, frases y fragmentos de la obra narrativa del autor uruguayo. Sencillamente, Benedetti por Benedetti. Esto no es un homenaje, es sencillamente una vía para compartir aquello que ha sido importante con ustedes. El verdadero homenaje no tiene fecha y su lugar está en los libros del autor: es, únicamente, seguir leyéndolo y releyéndolo, con emoción, con interés y con renovada curiosidad.

Algunos poemas

Rostro de ti
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda
y más simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Currículum
El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente
usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica
usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros
usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío
entonces
usted muere.

La vida ese paréntesis
Cuando el no ser queda en suspenso
se abre la vida ese paréntesis
con un vagido universal de hambre
somos hambrientos desde el vamos
y lo seremos hasta el vámonos
después de mucho descubrir
y brevemente amar y acostumbrarnos
a la fallida eternidad
la vida se clausura en vida
la vida ese paréntesis
también se cierra incurre
en un vagido uiniversal
el último
y entonces sólo entonces
el no ser sigue para siempre.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

Algunas frases

Yo no sé si dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.

Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.

Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida.

La mariposa recordará por siempre que fue gusano.

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio.

No hay alegría más alegre que el prólogo de la alegría.

Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida.

Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.

Me jode confesarlo, pero la vida es también un bandoneón.

Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo.

La muerte es una traición de Dios.

La perfección es una pulida colección de errores.


Fragmentos de la novela “La tregua” (1960)

Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz.

Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.

Fragmento de la novela “Gracias por el fuego” (1965)

Lo único seguro es que estás existiendo, Dolores, en algún rincón de este día, en algún lugar del mundo, sola o con alguien, pero sin mí. Lo único seguro es que sos mejor que todas tus imágenes, que todas las imágenes que yo tengo de vos. ¿Quise esperar este instante a solas, sin prisa exterior y sin testigos, para decirme con todas las letras, que estoy enamorado? Quizá sólo semienamorado. Porque ella dice que no, que no me quiere.

martes, 19 de mayo de 2009

Gracias Benedetti

Ha muerto.

Dos palabras que indican el fin de una trayectoria de vida. Ha muerto. Mario Benedetti ha muerto.

Enciendo el televisor la noche del domingo 17 de mayo. Busco las noticias. Y la primera noticia con la que me topo es esa: Mario Benedetti ha muerto.

Sabía que estaba gravemente enfermo y con varios días hospitalizado. Sabía que tenía una edad avanzada en la que todo ser humano ha pensado en la muerte como algo cercano, no solo como una posibilidad. Sé porque he visto morir a mis dos abuelos, a mis dos abuelas y a algunos amigos que la gente muere, siempre se muere, pero ese conocimiento racional no pudo impedir algún suspiro y algunas lágrimas. No era mi amigo, él no me conoció como no le conoció a muchos de ustedes, pero los textos de Benedetti son tan cercanos a muchos de nosotros, lectores latinoamericanos, que su partida es un poco la partida de un amigo.

No voy a ser tan sentimental como para decir que Benedetti fue uno de los más grandes escritores de América Latina en el siglo XX. No. No voy a caer en la apología fácil y en la sensiblería irracional. El autor uruguayo escribió y publicó muchos libros, pero varios de ellos no son libros para poblar la inmortalidad literaria. Algunos, sí.

A pesar de que su producción mayoritaria fue en el ámbito de la poesía, prefiero al Benedetti narrador y prosista. Su libro de cuentos Montevideanos tiene varios relatos que reflejan con inigualable maestría a las clases medias urbanas del Uruguay, el espectro de personajes que él muchas veces dijo eran sobre los que mejor podía escribir porque eran los personajes que mejor conocía. Y en el ámbito novelístico destaco sobre manera La tregua, novela corta pero honda, en la cual un hombre que ha visto pasar sin dudas sus mejores años siente que vuelve a vivir junto a la pasión desatada por la presencia en su vida de Avellaneda, cuya muerte es el fin en vida de su propia vida, la llave fatal que clausuraba el último resquicio de esperanza de un oficinista en lograr eso que ya no tenía: una vida, no una subsistencia.

No reniego de sus poemas, de hecho, muchos de hechos me gustan y los he disfrutado, tanto en la lectura de sus obras como en las canciones de los cantautores que le interpretaron, como en El sur también existe, producción discográfica del artista español Joan Manuel Serrat. Pero en Benedetti no hubo muchas veces una diferenciación estricta entre sus libros y sus preferencias y militancias políticas y sociales, por lo que una parte apreciable de su obra presenta diversas concesiones que no fueron necesariamente un punto fuerte en la visión global de sus escritos.

Ahora, algo muy cierto es lo siguiente: a Benedetti se le podía amar a rabiar. No era el tipo de escritor al cual se le podía leer con demasiada objetividad. Ni el personaje ni la obra eran de corte objetivo, sino más bien pasional, intuitivo. Y muchos de sus lectores han sido y serán así: pasionales hasta rabiar. Desmerito para algunos, mérito para Benedetti, que tenía una capacidad impresionante para entablar nexos fuerte con los lectores, siendo capaz de desarrollar a través de su obra una simpatía y cariño con los lectores que autores de mayor fuste fueron incapaces de lograr.

Más allá de que no fuese el mejor escritor uruguayo –lo era Onetti, según sus propias palabras-, más allá de ciertas imperfecciones en el contexto general de su obra (de las que rescato para la eternidad La tregua y Montevideanos, sin ninguna duda), hay que dar las gracias por sus escritos a Mario Benedetti. Provocó mucha emoción, mucha risa, muchas lágrimas, no pocos romances, y provocó también el acercamiento a la poesía y a la literatura de no pocos lectores que lo fueron a partir del acercamiento a sus libros. Más allá de los premios que no alcanzó, logró mucho, y seguramente logró mucho de lo que quería lograr. Gracias Benedetti.