martes, 22 de marzo de 2011

Ideas y conceptos del tiempo en la cuentística borgiana


Nota: Este texto fue publicado originalmente en el primer número de la revista del Círculo literario El Aleph, en Santo Domingo, República Dominicana, en agosto de 1999.

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho” (1)

J. L. Borges

En la narrativa de Borges el tiempo y la eternidad, como las rayas de los tigres que tanto amó, cruzan casi todos sus cuentos, siendo en muchos de ellos el tema central; como en La escritura del Dios: “yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa ruda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde), infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba para ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin.” (2). Esta idea es desarrollado también en El Inmortal. En ambos textos el tiempo es tratado como una totalidad, donde pretérito, presente y futuro convergen, negando la sucesión, estableciendo un tiempo simultáneo.

En Nueva refutación del tiempo, Jorge Luis Borges hace suyo un dictamen de Schopenhauer: “…el tiempo es como un círculo que girara infinitamente: el arco que desciende es el pasado, el que asciende es el porvenir, arriba, hay un punto indivisible que toca la tangente y es el ahora”. En el mismo ensayo, refiere la posición de un texto budista, ideas que el autor argentino parece asimilar y desarrollar en sus obras: “El hombre de un momento pretérito –nos advierte el Camino de la Pureza- ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá”.

El espacio: episodio del tiempo

Borges creía (o presentía) que el espacio era una forma que integra el fluir del tiempo, al considerarlo como un episódico, por lo que el espacio estaba situado dentro del tiempo, no lo contrario; aunque pudiesen ser también entidades separadas o paralelas. Para él la acumulación de espacio no era contradictoria con la acumulación de tiempo: “La soledad era perfecta y tal vez hostil, y Dalhmann pudo sospechar que viajaba al pasado y no sólo al sur.” (3).

El pasado es tiempo, el sur, geografía, es decir, espacio; pero acá tanto lo espacial como lo temporal deviene en una misma cosa, análogas. La idea de espacio como episodio del tiempo la desarrolla perfectamente en Tlön, Uqbar, Orbius Tertius: “Las cosas se duplican en Tlön, propenden asimismo a borrarse y perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.”

Negación del imaginario conjunto

El autor porteño ve en la sucesión del tiempo una miseria, negándola en un elevado número de casos, pero lo mismo le ocurre con lo contemporáneo, considerando cada instante como autónomo: “…ni siquiera el olvido puede modificar el invulnerable pasado. No menos vano me parecen la esperanza y el miedo que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros, que somos el minucioso presente (…) cada momento que vivimos existe, no su imaginario conjunto.” (1). “…un esplendor final exaltaba la viva y silenciosa llanura, antes de que la borraran la noche. Menos para no fatigarse que para hacer durar esas cosas, Dahlmann caminaba despacio…” (3).

Che Borges plantea que tal vez el más vital problema metafísico fuese el tiempo, siendo la eternidad no más que un juego o lo que considera como una fatigada esperanza. A pesar de equiparar eternidad con juego (¿simple entretenimiento de nuestros espíritus sedientos de permanencia?), la consideraba una invención extraordinaria, quizá inconcebible, al igual que “el humilde tiempo sucesivo.” (5).

La eternidad la definió de esta manera: “no era la suma de todos nuestros ayeres, sino todos nuestros ayeres, de todos los seres conscientes (¿usted y yo seremos conscientes?), es todo el pasado que no sabe cuando empezó, luego el presente que abarca todas las ciudades, todos los mundos y el espacio entre los planetas (acá de nuevo la idea del espacio como episodio del tiempo), y luego el porvenir. El porvenir que no ha sido creado aún, pero que también existe.” (6). Fíjense en la reivindicación de todos nuestros ayeres, no de la suma de esto, negando el tiempo como conjunto, como una suerte de acumulación lineal. Estas citas, ¿no podrían también ser fragmentos de El Aleph o de El Zahir?

Borges es ensayista en los relatos, cuentista en los ensayos, juega con los géneros, los funde y los confunde. Tal vez sean sus cuentos sus verdaderos ensayos.

El jardín de los senderos que se bifurcan

Este es uno de los cuentos donde el tiempo es prácticamente el tema absoluto. Se dirá que hay elementos de las narraciones de espionaje, de un thriller policiaco. Sí, pero este es el medio utilizado para contar (o reflexionar) sobre el tema del tiempo.

Libro, laberinto, todo conjugado aquí en una hipotética novela. El misterio de este personaje (Ts’ui Pen) es haber prometido un laberinto y un libro, dejando aparentemente solo este último. El laberinto es descubierto por Stephen Albert: es el libro. Un laberinto que no es físico, sino temporal, hecho de bifurcaciones en el tiempo: “El jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio (…) En todas partes las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras….” (7).

La imaginaria novela maneja la idea de la bifurcación del tiempo y sus varias posibilidades, bifurcaciones donde un hombre, por ejemplo, podría amar a una mujer, en otra ser él amado, en otra amarse ambos, en otra, no amarse ninguno recíprocamente, etc. Esto abarcaría todas las posibilidades imaginables donde cada bifurcación se bifurcaría a la vez, creando numerosos universos convergentes, divergentes, paralelos, que se llevaría a cabo en el tiempo.

El vértigo que produce esta revelación le facilita a Yu Tsun (el espía chino) el disparar a Stephen Albert (aunque ya estuviese decidido) con la única bala del revólver, cuando esa bala pudo estar dirigida a Richard Madden. Tal vez ya intuía que en una de esas bifurcaciones Albert sería su amigo (o su verdugo). Tal vez él persiga a Madden en otro de los universos posibles. El problema moral del crimen queda aquí trivializado, al ser, igual que el tiempo, de carácter plural.

El escritor Italo Calvino (8) plantea varias lecturas del tiempo de este relato (y, por qué no, en otros muchos) hablándonos de un tiempo determinado por la voluntad (cara idea borgiana), del tiempo de una acción decidida, donde el futuro se paraleliza con el pasado en su irrevocabilidad: “pronto no habrá sino guerreros y bandoleros; les doy este consejo: el ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado” (7). Calvino también plantea un tiempo puntual, como un presente subjetivo absoluto: “Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; lo que realmente pasa me pasa a mí…” (7). Este es un tiempo subjetivo ya que cualquier cosa le puede ocurrir a cualquier persona y en cualquier momento, pero también absoluto para el personaje (Yu Tsun) al poseer la consciencia de un hecho que él vive, con independencia de los acontecimientos que otros viven. “Si el tiempo es un proceso mental, ¿cómo lo pueden compartir miles de hombres, o aun dos hombres distintos?” (1).

La eternidad es el instante

Jaromir Hladik, escritor de origen judío, es arrestado por los nazis el 19 de marzo de 1939 y su ejecución será el 29 del mismo mes a las 9:00 a.m. Sentía que no podía morir sin terminar su drama “Los enemigos”, por lo que le pide a Dios un año más de vida antes del cumplimiento de la orden de fusilamiento, al Dios de quien “son los siglos y el tiempo”. El 29 en la mañana se da la orden de fuego, pero todo el universo físico se detiene, todo, menos la actividad mental de Hladik. De esta forma logra reconstruir, pulir, finalizar el texto que ameritaba terminar. “Transcurrido” el año solicitado a Dios, las balas cumplen su función y Hladik cae abatido, a las 9:02 a.m. Es éste el milagro secreto.

“Dios operaba para él un milagro secreto: lo mataría el plomo germánico en la hora determinada, pero en su mente un año transcurriría entre el orden y la ejecución de la orden” (9). Se vive el presente, minucioso, pero he aquí que “el milagro” consistió en multiplicar esos segundos, aprovechándolos de manera total, absoluta. Un segundo puede ser la eternidad, la eternidad puede ser simplemente el instante, el fluir del tiempo en nuestra conciencia.

Paralelismos a través del tiempo

Desarrolla Borges en muchos de sus relatos paralelismos entre personajes (reales o ficticios, qué más da), dando a entender el carácter repetitivo de los hechos históricos o literarios. Dos magníficos ejemplos de esta forma de narrar son Historia del guerrero y la cautiva y Tema del traidor y del héroe. En el primero, hay un paralelismo entre un antiguo guerrero bárbaro, que es transformado por el país (Italia) contra el que combatía, y una inglesa (ya indianizada) adaptada a las rudezas de las pampas argentinas. Son dos historias aparentemente diversas y divididas por mil años y por la geografía. Para el autor argentino, sin embargo, son la misma historia: “los dos, ahora, son igualmente irrecuperables (…) Acaso las historias que he repetido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.” (10) En Tema del Traidor y del héroe este paralelismo es aún más sorprendente; analogías entre un revolucionario irlandés, Kilpatrick y Julio César, el contado por Shakespeare. “Son de carácter cíclico: parecen repetir o combinar hechos de remotas regiones, de remotas edades”. (11) Rueda o líneas que se cruzan en algún punto (funcionando igual que la rueda) es una de las constantes permanentes en el manejo de la temporalidad en sus relatos: “Que la historia hubiera copiado la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible.” (11).

La contemporaneidad

Dos hechos ocurridos a la vez pueden no ser contemporáneos, dos hechos ocurridos con cientos de años de diferencia sí pueden hacerlo. Para Borges lo contemporáneo puede sólo existir en la memoria, ya que cada instante es autónomo, cada estado que se vive conlleva el absoluto. Si yo escribo este ensayo, y al “mismo tiempo” un hombre se vuela los sesos en una aldea de Nepal, no serían contemporáneos por mi desconocimiento de aquel suicidio y el del suicida por desconocer que yo ahora escribo sobre es un escritor sudamericano. Tal vez sea contemporáneo (en la memoria) si después me entero; y entonces recurriré a Borges y como él diré: “la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal” (5).

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1. Nueva refutación del tiempo 2. La escritura de dios 3. El sur 4. Nueva refutación del tiempo 5. Historia de la eternidad 6. Ídem 7. El jardín de los senderos que se bifurcan 8. Por qué leer los clásicos 9. El milagro secreto. 10. Historia del guerrero y de la cautiva. 11. Tema del traidor y del héroe.

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