lunes, 28 de marzo de 2011

La identidad de los pobres individuos

Novelista por oficio y convicción, Milán Kundera no cuenta sencillamente historias; reflexiona sobre ellas, sobre los personajes, los confronta con el tiempo que les ha tocado vivir. Un gesto, una descripción, no tienen fin en sí mismos. Son una excusa para adentrarnos en los personajes, una justificación para pensar. Para leer –y disfrutar- a Kundera hay que ser el lector cómplice que nos dibujó Julio Cortázar.

Es la ironía una de las constantes en las obras del escritor checo nacido en 1929. Recurso del cual hace uso para mostrarnos la relatividad de los personajes que pueblan sus páginas. Nada escapa a esta mirada no complaciente, ni siquiera el mismo Dios. El concepto de identidad, una apreciación desconfiada hacia la historia y los diversos juegos en los que pueden verse involucrados los amantes son otras de las señas que identifican a este novelista que no solo nos obliga a pensar, sino que nos divierte, incluso hasta la carcajada, con las maneras nada triviales o melodramáticas, pero que en sus manos se convierten en ejercicio de comprensión más que de aceptación.

A quien haya leído buena parte de sus obras, podrá apreciar algo difícil de lograr, una madurez y dominio del oficio que se advierten desde sus primeros textos publicados, desde La broma hasta La identidad, pasando por obras como La insoportable levedad del ser o El libro de la risa y el olvido, las constantes de las que hablamos fluyen como ríos, sin caer en el agotamiento y la reiteración. La forma en que se estructuran sus novelas y relatos se presenta con una cierta musicalidad y agilidad que hace que, para el lector, este balance entre lo leve y lo pesado sea digerible. La vida no es puro drama, tampoco comedia perpetua. Kundera sabe esto, y por ello resultan sus textos más libertinos. El libro de los amores ridículos nos hace batirnos de la risa al tiempo que fruncirnos el ceño probando o desaprobando sus reflexiones, qué más da. El autor entra y sale de sus textos desafiando constantemente las fronteras entre la ficción y el ensayo.

La identidad desesperada

En El falso autoestop, uno de los relatos que componen el último de los libros mencionados, hay un juego en el que una pareja de novios desdoblan sus personalidades, para interpretar roles diferentes: el joven, el de un hombre que da un aventón (o “bola”, como se dice en República Dominicana) y ella juega a ser una chica fácil y coqueta en busca de aventura. Aquí se toca de manera brillante el tema de la identidad de los individuos. El párrafo a continuación es uno de los mejores pasajes del relato, donde Kundera demuestra también su gran capacidad de reflexión sin caer en la verborrea intelectual: “El joven estaba cada vez más irritado por lo bien que la chica sabía ser esa mujer lasciva; si lo sabe hacer tan bien, es que realmente lo es; está claro que no ha penetrado ninguna alma extraña dentro de ella; está jugando a ser ella misma; quizá sea otra parte de su ser que otras veces permanece y a la que ahora, con la excusa del juego, le ha abierto la jaula; es posible que la chica crea que al jugar se está negando a sí misma, pero ¿no sucede precisamente lo contrario? ¿No es en el juego donde se convierte de verdad en ella misma?”

Cuestionamiento continuo, es otra de sus constantes. No dar nada por hecho, ver las más diversas variantes. Muchos de sus personajes recurren a máscaras o disfraces –ideológicos, religiosos, emocionales- para la consecución de una serie de objetivos. En ocasiones esas máscaras llegan a ser la imagen predominante ante los demás, por lo que muchos de los personajes de Kundera se ven indispuestos a mostrar su verdadera cara, su verdadero ser. En el relato que comentábamos, lleno de ironía y humor reflexivo, la chica intenta despojarse de su disfraz, harta ya de la simulación, pero ni siquiera después de un acto sexual el joven le permite retornar a su identidad, provocando en ella desesperación, y no le queda otra alternativa que gemir “yo soy yo”, repetidas veces.

En La identidad, una de las últimas novelas del autor, hay una pareja de largos años de matrimonio, Jean-Marc y Chantal, cuya unión se concretizó sin opositores, sin largos cortejos. Jean-Marc comienza a mandarle a Chantal unas cartas de un supuesto anónimo admirador, que la hacen fantasear y sentirse observada, deseada. “Los hombres ya no se vuelven para mirarme”, es quizá la frase clave en esta novela; es lo que ella piensa en un momento determinado al tener que esperarle a él en una playa, y darse cuenta de que decenas, cientos de hombres la ignoran; es la frase que le dice a él casi sin importancia. De aquí vienen entonces las cartas, pero este juego es descubierto por ella, y se van entretejiendo situaciones incómodas para los personajes.

Al darse cuenta de que Chantal se comporta de forma diferente al recibir las cartas anónimas él duda de la real identidad de ella. Al percatarse de que las cartas son escritas por Jean-Marc, ella duda de la honestidad y sinceridad de él. Aquello que era inicialmente un juego inofensivo, da pie a dudas y a descubrimientos sobre las identidades de ellos.

El problema de la identidad de los personajes, no sólo la emocional sino también la física, atraviesa constantemente la obra. Al llegar a la playa, Jean-Marc confunde por un instante a Chantal con otra mujer. “¡Cuántas veces le habrá pasado lo de confundir el aspecto físico del ser amado con el de otro! Y siempre seguido del mismo asombro: ¿será tan ínfima, pues, la diferencia entre ella y las demás? ¿Porqué es incapaz de reconocer la silueta del ser al que más quiere en el mundo, del ser que considera incomparable?”

Esclavo de una imagen

En la primera novela de Milán Kundera, La broma, que prefigura ya la maestría del novelista checo, Ludvik, el personaje central, regresa a su ciudad natal después de muchos años en busca de una venganza personal. Una de las primeras acciones que realiza es la de ir a una barbería, allí es recortado por una mujer que amó en algún momento de su pasado, pero no tiene la seguridad de su identidad física: “con una extraña insatisfacción salí del local; lo único que sabía era que no sabía nada y que es una gran grosería el perder la seguridad de la seguridad sobre la identidad de una cara que una vez amó tanto”.

Fijémonos en esta cita y en la anterior. Corresponden a dos textos diferentes del mismo autor, pero en novelas que guardan casi tres décadas entre una y otra. Por eso hablamos de madurez. Los grandes escritores generalmente atesoran tres o cuatro temas esenciales, a través de sus obras van realizando diferentes variaciones (querido término para Kundera). Atención. No es un agotamiento, ni un secarse la fuente de la creatividad. Estas novelas presentan muchas diferencias entre sí, pero el autor, aún manipulando historias y contextos tan distintos, sabe cómo manejar algunas ideas que han sido una de las preocupaciones de su obra novelística. Son frecuentemente los muy limitados y supuestos progresistas los que pretenden ser totalmente novedosos en cada novela, en cada relato, en cada poema.

Una broma escrita por Ludvik donde ironiza con los valores esenciales del socialismo, recién instalado a fines de los años cuarenta en Checoslovaquia, es el leivmotiv de la novela, desencadenante de múltiples hechos en la vida del personaje. Aquella carta enviada a Marketa, amor del momento (“¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotsky!”), cuando era un estudiante y miembro de las juventudes socialistas, le granjea perder una serie de oportunidades y ganarse la imagen de reaccionario.

“Comencé a comprender que no había fuerza capaz de modificar esa imagen de mi persona que está depositada en algún sitio de la más alta cámara de decisiones sobre los destinos humanos; comprendí que aquella imagen (aunque no se parezca a mí) es mucho más real que yo misma; que no es ella la mía sino yo su sombra; que no es ella a quien se puede acusar de no parecérseme, sino que esa desemejanza es culpa mía; y que ese desemejanza es una cruz, que no se la puedo endilgar a nadie y que debo cargar con ella”. El creerse una persona diferente a otra no implica necesariamente una diferenciación ante los ojos de los demás. Al volver a su pueblo busca vengarse de Zemanek, antiguo amigo que no le ayudó cuando una serie de desgracias personales le ocurrieron tras la antigua broma, que se hizo pública. Pero al encontrarse con el antagonista, una amante joven de Zemanek los iguala, los identifica como similares: “la mirada de la señorita Brozova y de los de su generación nos vuelve semejantes aún allí donde hemos estado furiosamente uno contra otro (…) Sentí que solo nuestra disputa, que para mí seguía siendo actual y viva, se cerraban las aguas apaciguadoras del tiempo, que como se sabe, es capaz de borrar las diferencias entre épocas históricas enteras y más aún entre dos pobres individuos.”

Fina ironía de Kundera. Porque si hay algo esencial en sus obras no son precisamente los héroes y villanos, los buenos y los malos, sino estos pobres individuos en perpetúa búsqueda de sus identidades, que se ven acosados por las miradas de los otros, por los condicionamientos históricos e ideológicos y por las pobres dudas de los pobres individuos.

Nota: Publicado originalmente en el tercer número de la revista del Círculo Literario El Aleph, mayo del 2000.

viernes, 25 de marzo de 2011

El amante de Lady Chatterley: celebración de los cuerpos


El cuerpo está volviendo realmente de la vida, surgiendo realmente de la tumba. Y llegaremos a una vida maravillosa, en un universo maravilloso, la vida del cuerpo humano”.

D. H. Lawrence, en El amante de Lady Chatterley.

Connie Read, Lady Chatterley, abomina de esa Inglaterra en la que tiene que vivir, aquella que no es ya la bella campiña inglesa, sino el mundo de las minas, del carbón, del humo, de la sordidez de las relaciones materiales, de un mundo desapasionado, en el cual el máximo exponente de esta yerma existencia es su marido, Clifford Chatterley, discapacitado después de la Primera Guerra Mundial, virgen antes de casarse, irremediablemente virgen debido a la imposibilidad física y mental. “Ella y Clifford vivían en las ideas de ambos y en los libros de él…Connie se daba cuenta que ella misma no le afectaba realmente, no de verdad: quizás no había en él nada que pudiera conmoverse; simplemente una negación del contacto humano.” Este contacto humano, sexual incluso, lo habría tenido Connie antes de la guerra con un joven alemán ya muerto, y lo tendría en su propia habitación (que no conocía Clifford) con un dramaturgo irlandés llamado Michaelis, en cierta manera despreciado por la sociedad sajona, pero con algo de vitalidad que Lady Chatterley demandaba en silencio.

“Despertaba (Michaelis) en la mujer una especie de salvaje compasión y nostalgia y un deseo físico desbocado y lleno de ansiedad.” Era el primer amante desde su matrimonio, y le era necesario tanto por la emoción física, sexual, que podía obtener de él como porque “siempre sentía en sí misma el reflejo de su esperanza. Ella no podía amar del todo, no del todo, en la desesperación”. Tal vez el deseo, la necesidad de vencer esta desesperación la lleve a entregarse sin prejuicios, buscando en la relación misma las respuestas.

En el último encuentro sexual con Michaelis, este le reclama la duración habitual de ella y las mujeres para lograr el orgasmo, cuando él ya lo ha logrado. Esta discusión desencanta a Connie, olvidándose del amor (o la idea del amor) que sentía por él. La soledad, tanto emocional como física, vuelve a ser sus compañeras. La compañía de Clifford es un regodeo constante de universos mentales y racionales, de desapego casi mortal a lo emotivo, hasta el punto de plantearle fríamente a Connie la posibilidad de que ella conciba un hijo con la ayuda de otro hombre, ya que “la costumbre, en mi opinión es más vital que una excitación física momentánea”. Para él lo realmente importante es la compañía de toda una vida, no el sexo ocasional. Hay que recordar que Sir Chatterley no sólo es discapacitado físicamente, sino también pasionalmente. Quizá lo peor.

Oliver Mellors: el descubrimiento

La vida pasa lenta y monótona para Connie. Encerrada en un pueblo minero, Wragby, aborreciendo cada vez más aquel mundo que considera atroz y dudando continuamente de si su destino es estar ligada a Clifford de por vida.

La imposibilidad de llevar un recado al guardabosque (Oliver Mellors) por parte de los criados obliga a Connie a ejercer la función mensajera. Es el descubrimiento del hombre, no solamente de la idea de perpetuidad y costumbre que ofrece su esposo. Al llegar a la cabaña que habita Mellors, toca y nadie contesta, da la vuelta y se dirige a una especie de corral: “Connie retrocedió hasta la esquina de la casa y se precipitó hacia el bosque. A pesar de ella misma estaba conmovida. Después de todo no era más que un hombre lavándose…Sin embargo, de alguna extraña manera, había recibido el impacto en su vientre, y lo sabía, estaba dentro de ella. Pero mentalmente tendía a ridiculizar la situación. ¡Un hombre lavándose en el corral! Estaba desconcertada.”

Era el descubrimiento de un cuerpo, el de un hombre que se le antoja solitario, hermoso, y no solo su belleza física le atraía, era por encima de todo “un esplendor, el calor y la llama viva de una vida individual”, manifestada en un cuerpo, algo tangible, posible de tocar.

El impacto de esta visión será el inicio de una búsqueda, inicialmente por parte de ella, que se plantea básicamente como una exposición constante de ella ante los ojos de él, más que una estrategia desarrollada deliberadamente. Mellors se quiere resistir, pero todo será en vano: la soledad que tanto protegía, eventualmente se irá al suelo ante la pasión que a él también le ira abrazando, como a ella. “Cuando Connie subió a su dormitorio hizo lo que no había hecho en mucho tiempo: se quitó toda la ropa y se miró desnuda en el enorme espejo. No sabía qué miraba o que buscaba con exactitud pero, a pesar de todo, movió la lámpara hasta recibir la luz de lleno…”

“El reconocimiento del cuerpo masculino le lleva a la inquietud de su propio cuerpo, a la interrogación de ella misma como ser carnal: ¿Qué esperanza le quedaba? Era vieja, vieja a los veintisiete años, sin brillos ni reflejo en la carne. Vieja por culpa del descuido y la renunciación…Solo el joven alemán había amado aquel cuerpo y hacía casi diez años que había muerto.” Un torbellino de inquietudes venía hacia ella, y se cuestiona el porqué haberse casado con Sir Chatterley. Era cierto que desde el punto de vista mental e intelectual le resultó interesante en un momento determinado, pero ahora esa emoción racional se extinguía y daba paso a una aversión física hacia un ser que consideraba al cuerpo poco menos que un habitáculo de órganos y excremento: “aquel hombre astuto y práctico era casi idiota cuando se quedaba a solas con su vida sentimental.”

El inicio del contacto

“Con una extraña obediencia, ella se echó sobre la manta. Luego sintió la mano suave, insegura, desesperadamente llena de deseo, tocando su cuerpo, buscando su cara.” Era el inicio de la relación, que a través de la sexualidad desembocará en amor, que rompe las convenciones y lugares comunes a que han estado atados en el odiado Wragby.

La belleza y la pasión estuvieron presentes, aunque con una cierta distancia por parte de ella, una reserva que le impide entregarse totalmente y una lucidez que le hacía meditar sobre el movimiento de las nalgas de él, que le parecían intensamente ridículas. A pesar de ello, la sensación fue extraña, pero exquisita, ya que Connie “no quiso bañarse aquella tarde. La impresión del contacto de la piel del hombre sobre la suya, su pegajosidad misma sobre ella, le era algo muy querido y en cierto modo sagrado.”

Lady Chatterley descubría no la pasión como tal, vivida antes, sino la adoración ilimitada, temida ya que aquel sentimiento podía anularla, borrarla, convirtiéndose en una esclava. Sin embargo, no estaba muy dispuesta a combatir este sentimiento inmediatamente, ya que creía poder “dominar su pasión y controlarla a voluntad.”

Entre Clifford y Mellors no solo existe el abismo correspondiente entre el patrón y el empleado, sino también entre sus respectivas posiciones ante el mundo: la razón, la pasión. Clifford considera que “el mundo moderno no ha hecho más que vulgarizar las emociones al dejarlas en libertad”, y Mellors asume la contraposición de esta idea, ya que él “eliminaría las máquinas de la faz de la tierra y acabaría por completo con la era industrial como el peor de los errores.” Es esto lo vulgar para Mellors (y también para Lady Chatterley), mientras es precisamente lo correcto y debido para Clifford, así como que cada cual asuma su puesto en el mundo de las relaciones sociales, laborales…y emocionales.

Más que un amante, es el hecho de que sea Mellors lo que encoleriza a Clifford cuando se entera. Mellors produce en Connie pasión, no sólo por su cuerpo y por su forma de poseerla físicamente, sino también por ser lo que ella desea angustiosamente en un hombre, un hombre real, fuera de las estrecheces de aquel mundo concebido como sub-mundo, carente de auténtica pasión, solo habitado de ideas o de obreros semejantes a cadáveres, de discusiones, de proyectos materiales y de estériles conversaciones, todo menos el beso cariñoso, la fornicación reconfortante.

“Nunca he tocado realmente su cuerpo”

Connie decide pasar unas vacaciones en Venecia, y al informarle esto a Mellors le dice, casi como un último deseo, “quiero tocarle como usted me toca a mí. Nunca he tocado realmente su cuerpo…Se abandonó. Sintió su pene elevándose contra ella con una fuerza silenciosa, deslumbrante y potente, y se entregó a él. Cedió con un estremecimiento como de agonía y se abrió por completo a él. ¡Qué crueldad si ahora no fuera tierno con ella, porque estaba abierta a él por entero e indefensa!”. Es “la inquieta necesidad del amor como tabla de salvación” lo que sigue Connie deseando fervientemente, pero sin caer en la negación del placer, en el cuerpo como vía para lograr una plenitud que le sería imposible encontrar con Clifford, sus amistades y el medio ambiente en que vive. El cuerpo en esta novela de David Herbert Lawrence puede (y lo es en este micro universo) ser un aliado perfecto del amor cuando es expresión no únicamente de un fin, sino de una manifestación material del deseo, del sentimiento de amor, del éxtasis en la entrega al otro.

Tras pasar una noche juntos en la cabaña de Mellors, a escondidas y en vísperas del viaje veneciano, durmieron “casi en un solo sueño”. Lawrence destaca en esta frase prácticamente todo aquello que han podido lograr como pareja en términos de comunicación, no solo de simple sexualidad. La integración entre ambos es inevitable, y llevará eventualmente al abandono de Clifford por parte de Connie, a la fuga de ambos de aquel mundo hostil, incapaz de ser residencia del amor, ni de tolerarlo por lo menos.

Al despertar del sueño, Lawrence desarrolla unas poderosas imágines: “Él dejó caer la camiseta y se quedó quieto frente a ella. El sol, a través de la ventana baja, emitía un rayo que iluminaba sus muslos, su esbelto vientre y el falo erecto, que se alzaba oscuro y caliente entre la pequeña nube de pelo de un rojo vivo dorado. Ella estaba admirada y asustada.”

“Es mío también. No solo tuyo. ¡Es mío! Y tan hermoso y tan inocente”, le dice Connie a Mellors. Atrevidas imágenes, especialmente si tomamos en cuenta que fueron escritas hace más de 80 años. En Venecia ella descubre su futura maternidad, espera un hijo de su amante, hecho que es determinante para el futuro de ambos, futuro que está ya marcado por el amor y la absoluta necesidad que el uno tiene del otro. La postura de Lady Chatterley está ya definida de antemano, al discutir con Clifford y plantearle “prefiero el cuerpo. Creo que la vida del cuerpo es una realidad más grande que la vida de la mente.” No la mente como un todo, sino aquella que asume la corporeidad y sensualidad como un asunto de animales, que concibe como único valioso la razón, ‘virtud’ que en los personajes descritos por Lawrence llega a convertirse en un vicio castrante y casi inhumano.

_________________________________________________________________________

Nota: Este texto fue publicado originalmente en el tercer número de la revista del Círculo literario El Aleph, en Santo Domingo, República Dominicana, en mayo del 2000.

martes, 22 de marzo de 2011

Ideas y conceptos del tiempo en la cuentística borgiana


Nota: Este texto fue publicado originalmente en el primer número de la revista del Círculo literario El Aleph, en Santo Domingo, República Dominicana, en agosto de 1999.

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho” (1)

J. L. Borges

En la narrativa de Borges el tiempo y la eternidad, como las rayas de los tigres que tanto amó, cruzan casi todos sus cuentos, siendo en muchos de ellos el tema central; como en La escritura del Dios: “yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa ruda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde), infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba para ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin.” (2). Esta idea es desarrollado también en El Inmortal. En ambos textos el tiempo es tratado como una totalidad, donde pretérito, presente y futuro convergen, negando la sucesión, estableciendo un tiempo simultáneo.

En Nueva refutación del tiempo, Jorge Luis Borges hace suyo un dictamen de Schopenhauer: “…el tiempo es como un círculo que girara infinitamente: el arco que desciende es el pasado, el que asciende es el porvenir, arriba, hay un punto indivisible que toca la tangente y es el ahora”. En el mismo ensayo, refiere la posición de un texto budista, ideas que el autor argentino parece asimilar y desarrollar en sus obras: “El hombre de un momento pretérito –nos advierte el Camino de la Pureza- ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá”.

El espacio: episodio del tiempo

Borges creía (o presentía) que el espacio era una forma que integra el fluir del tiempo, al considerarlo como un episódico, por lo que el espacio estaba situado dentro del tiempo, no lo contrario; aunque pudiesen ser también entidades separadas o paralelas. Para él la acumulación de espacio no era contradictoria con la acumulación de tiempo: “La soledad era perfecta y tal vez hostil, y Dalhmann pudo sospechar que viajaba al pasado y no sólo al sur.” (3).

El pasado es tiempo, el sur, geografía, es decir, espacio; pero acá tanto lo espacial como lo temporal deviene en una misma cosa, análogas. La idea de espacio como episodio del tiempo la desarrolla perfectamente en Tlön, Uqbar, Orbius Tertius: “Las cosas se duplican en Tlön, propenden asimismo a borrarse y perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.”

Negación del imaginario conjunto

El autor porteño ve en la sucesión del tiempo una miseria, negándola en un elevado número de casos, pero lo mismo le ocurre con lo contemporáneo, considerando cada instante como autónomo: “…ni siquiera el olvido puede modificar el invulnerable pasado. No menos vano me parecen la esperanza y el miedo que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros, que somos el minucioso presente (…) cada momento que vivimos existe, no su imaginario conjunto.” (1). “…un esplendor final exaltaba la viva y silenciosa llanura, antes de que la borraran la noche. Menos para no fatigarse que para hacer durar esas cosas, Dahlmann caminaba despacio…” (3).

Che Borges plantea que tal vez el más vital problema metafísico fuese el tiempo, siendo la eternidad no más que un juego o lo que considera como una fatigada esperanza. A pesar de equiparar eternidad con juego (¿simple entretenimiento de nuestros espíritus sedientos de permanencia?), la consideraba una invención extraordinaria, quizá inconcebible, al igual que “el humilde tiempo sucesivo.” (5).

La eternidad la definió de esta manera: “no era la suma de todos nuestros ayeres, sino todos nuestros ayeres, de todos los seres conscientes (¿usted y yo seremos conscientes?), es todo el pasado que no sabe cuando empezó, luego el presente que abarca todas las ciudades, todos los mundos y el espacio entre los planetas (acá de nuevo la idea del espacio como episodio del tiempo), y luego el porvenir. El porvenir que no ha sido creado aún, pero que también existe.” (6). Fíjense en la reivindicación de todos nuestros ayeres, no de la suma de esto, negando el tiempo como conjunto, como una suerte de acumulación lineal. Estas citas, ¿no podrían también ser fragmentos de El Aleph o de El Zahir?

Borges es ensayista en los relatos, cuentista en los ensayos, juega con los géneros, los funde y los confunde. Tal vez sean sus cuentos sus verdaderos ensayos.

El jardín de los senderos que se bifurcan

Este es uno de los cuentos donde el tiempo es prácticamente el tema absoluto. Se dirá que hay elementos de las narraciones de espionaje, de un thriller policiaco. Sí, pero este es el medio utilizado para contar (o reflexionar) sobre el tema del tiempo.

Libro, laberinto, todo conjugado aquí en una hipotética novela. El misterio de este personaje (Ts’ui Pen) es haber prometido un laberinto y un libro, dejando aparentemente solo este último. El laberinto es descubierto por Stephen Albert: es el libro. Un laberinto que no es físico, sino temporal, hecho de bifurcaciones en el tiempo: “El jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio (…) En todas partes las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras….” (7).

La imaginaria novela maneja la idea de la bifurcación del tiempo y sus varias posibilidades, bifurcaciones donde un hombre, por ejemplo, podría amar a una mujer, en otra ser él amado, en otra amarse ambos, en otra, no amarse ninguno recíprocamente, etc. Esto abarcaría todas las posibilidades imaginables donde cada bifurcación se bifurcaría a la vez, creando numerosos universos convergentes, divergentes, paralelos, que se llevaría a cabo en el tiempo.

El vértigo que produce esta revelación le facilita a Yu Tsun (el espía chino) el disparar a Stephen Albert (aunque ya estuviese decidido) con la única bala del revólver, cuando esa bala pudo estar dirigida a Richard Madden. Tal vez ya intuía que en una de esas bifurcaciones Albert sería su amigo (o su verdugo). Tal vez él persiga a Madden en otro de los universos posibles. El problema moral del crimen queda aquí trivializado, al ser, igual que el tiempo, de carácter plural.

El escritor Italo Calvino (8) plantea varias lecturas del tiempo de este relato (y, por qué no, en otros muchos) hablándonos de un tiempo determinado por la voluntad (cara idea borgiana), del tiempo de una acción decidida, donde el futuro se paraleliza con el pasado en su irrevocabilidad: “pronto no habrá sino guerreros y bandoleros; les doy este consejo: el ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado” (7). Calvino también plantea un tiempo puntual, como un presente subjetivo absoluto: “Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; lo que realmente pasa me pasa a mí…” (7). Este es un tiempo subjetivo ya que cualquier cosa le puede ocurrir a cualquier persona y en cualquier momento, pero también absoluto para el personaje (Yu Tsun) al poseer la consciencia de un hecho que él vive, con independencia de los acontecimientos que otros viven. “Si el tiempo es un proceso mental, ¿cómo lo pueden compartir miles de hombres, o aun dos hombres distintos?” (1).

La eternidad es el instante

Jaromir Hladik, escritor de origen judío, es arrestado por los nazis el 19 de marzo de 1939 y su ejecución será el 29 del mismo mes a las 9:00 a.m. Sentía que no podía morir sin terminar su drama “Los enemigos”, por lo que le pide a Dios un año más de vida antes del cumplimiento de la orden de fusilamiento, al Dios de quien “son los siglos y el tiempo”. El 29 en la mañana se da la orden de fuego, pero todo el universo físico se detiene, todo, menos la actividad mental de Hladik. De esta forma logra reconstruir, pulir, finalizar el texto que ameritaba terminar. “Transcurrido” el año solicitado a Dios, las balas cumplen su función y Hladik cae abatido, a las 9:02 a.m. Es éste el milagro secreto.

“Dios operaba para él un milagro secreto: lo mataría el plomo germánico en la hora determinada, pero en su mente un año transcurriría entre el orden y la ejecución de la orden” (9). Se vive el presente, minucioso, pero he aquí que “el milagro” consistió en multiplicar esos segundos, aprovechándolos de manera total, absoluta. Un segundo puede ser la eternidad, la eternidad puede ser simplemente el instante, el fluir del tiempo en nuestra conciencia.

Paralelismos a través del tiempo

Desarrolla Borges en muchos de sus relatos paralelismos entre personajes (reales o ficticios, qué más da), dando a entender el carácter repetitivo de los hechos históricos o literarios. Dos magníficos ejemplos de esta forma de narrar son Historia del guerrero y la cautiva y Tema del traidor y del héroe. En el primero, hay un paralelismo entre un antiguo guerrero bárbaro, que es transformado por el país (Italia) contra el que combatía, y una inglesa (ya indianizada) adaptada a las rudezas de las pampas argentinas. Son dos historias aparentemente diversas y divididas por mil años y por la geografía. Para el autor argentino, sin embargo, son la misma historia: “los dos, ahora, son igualmente irrecuperables (…) Acaso las historias que he repetido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.” (10) En Tema del Traidor y del héroe este paralelismo es aún más sorprendente; analogías entre un revolucionario irlandés, Kilpatrick y Julio César, el contado por Shakespeare. “Son de carácter cíclico: parecen repetir o combinar hechos de remotas regiones, de remotas edades”. (11) Rueda o líneas que se cruzan en algún punto (funcionando igual que la rueda) es una de las constantes permanentes en el manejo de la temporalidad en sus relatos: “Que la historia hubiera copiado la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible.” (11).

La contemporaneidad

Dos hechos ocurridos a la vez pueden no ser contemporáneos, dos hechos ocurridos con cientos de años de diferencia sí pueden hacerlo. Para Borges lo contemporáneo puede sólo existir en la memoria, ya que cada instante es autónomo, cada estado que se vive conlleva el absoluto. Si yo escribo este ensayo, y al “mismo tiempo” un hombre se vuela los sesos en una aldea de Nepal, no serían contemporáneos por mi desconocimiento de aquel suicidio y el del suicida por desconocer que yo ahora escribo sobre es un escritor sudamericano. Tal vez sea contemporáneo (en la memoria) si después me entero; y entonces recurriré a Borges y como él diré: “la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal” (5).

__________________________________________________________________________________

1. Nueva refutación del tiempo 2. La escritura de dios 3. El sur 4. Nueva refutación del tiempo 5. Historia de la eternidad 6. Ídem 7. El jardín de los senderos que se bifurcan 8. Por qué leer los clásicos 9. El milagro secreto. 10. Historia del guerrero y de la cautiva. 11. Tema del traidor y del héroe.

martes, 21 de diciembre de 2010

El jamón de la discordia

En varios diarios españoles se publicó recientemente una noticia que en principio mueve a risa, pero que luego de leerla con mayor detenimiento no provoca precisamente la carcajada: “Una familia musulmana denuncia a un profesor tras una discusión por hablar de un jamón”. (Titular del diario El País, del lunes 20 de diciembre de 2010).

Según otro diario español, El Mundo, el profesor José Reyes Fernández, del Instituto de Enseñanza Secundaria Menéndez Tolosa, de la Línea de Concepción, Cádiz, en la región de Andalucía, comentó en clase de geografía sobre el clima de las Alpujarras granadinas, las cuales tiene un efecto beneficioso en la curación del jamón de Trevélez. El comentario lo utilizaba como ejemplo de las diferencias entre los climas fríos.

Un alumno musulmán, según cuenta la crónica del diario madrileño, manifestó su enojo por la mención del jamón, pidiéndole al profesor Reyes Fernández que no mencionara dicho producto nuevamente por respeto a su credo religioso, el Islam. El profesor le contestó al alumno que él no podía decirle que hablar o que no en la clase, además de decirle al alumno que no tenía importancia lo que este comiese o que religión profesaba.

El profesor, según la crónica de El País, le hizo saber también al estudiante que se debía adecuar a los demás 29 alumnos de la clase, no ellos a él.

Tras la disputa en clases el alumno ha informado a su familia lo ocurrido (desconocemos de que manera informó, con que matices). El resultado es una investigación abierta bajo los cargos de “insulto” y “menosprecio de las creencias” del alumno, y las declaraciones del profesor ante la Policía Nacional española.

Como “ridículo, grotesco e insostenible” califica el maestro lo que está aconteciendo, reservándose la posibilidad de demandar a la madre del alumno islámico bajo los cargos de difamación. El profesor asegura no haber insultado al alumno, como sostiene la familia del afectado.

Los valores culturales y los religiosos, mayoritarios o minoritarios, incluso la falta de credo religioso, deberían ser respetados por los integrantes de cada sociedad, independientemente de las ideas y preceptos diversos que tengan sus habitantes, nacionales y extranjeros.

Los estados deben estar abiertos y con capacidad de respeto hacia las manifestaciones culturales y religiosas de los habitantes extranjeros, pero las personas procedentes de otras naciones y culturas también tienen un deber de respetar lo que en el país diferente aprecian, quieren y desean.

El problema ni siquiera radicó en la presencia física de jamón alguno, sino de su simple mención. Como muchas personas sabrán el cerdo y todos sus derivados está prohibido en las culturas islámicas. Cada religión tiene el derecho a determinar (resulte o no racional) que acepta y que no.

Pero el caso es que el alumno musulmán (del cual no se revela la nacionalidad) no estaba en un aula de clases en un país de creencias mayoritariamente islámica, estaba en un aula de un país históricamente de mayoría cristiana, en el cual incluso una parte apreciable de su población se considera laica o atea en la actualidad. Por cierto, el ateísmo sería y es para algunos cristianos una forma incluso de provocación, más que el ejercicio de otra religión.

¿Debió el profesor tener en cuenta antes de tomar el jamón como figura para un ejemplo climatológico la potencial molestia que podía provocar en el alumno? Si el profesor tiene plena conciencia, como seguramente debía tenerla, de la procedencia y posiblemente del credo religioso de dicho alumno, ¿debió cohibirse de este y otros ejemplos que pudiesen interpretarse como atentatorios a la sensibilidad de personas de creencia islámica?

Pudo hacerlo, pero al precio de cohibirse tomando al jamón como ejemplo, producto cuya mención en España, donde ocurrió el hecho, no sería nada problemático para la mayoría de los nacionales, incluso hasta para los vegetarianos y naturistas. Un ejercicio nada estrafalario de racionalidad implicaría que si un alumno vegetariano o naturista en la misma clase hubiese escuchado la palabra jamón no debía ser una afrenta ni una provocación hacia él, ni mucho menos un estímulo para abandonar sus prácticas no cárnicas.

Si el alumno musulmán quizá simplemente hubiese comentado o informado que en su religión la carne de cerdo y sus derivados está prohibido, pues quizá simplemente todo se hubiese quedado en un cruce de ideas sobre diferencias culturales, nada extraordinario en medio de una clase de geografía.

Pero pongamos por caso que el estudiante fuese español, y por razones que no vienen al caso, profese la fe musulmana. ¿Estaría en el derecho de intentar prohibir el ejemplo del jamón? Tampoco. Sencillamente debería entender que así como el siente una pertenencia hacia determinado credo otras personas tienen otros, o no lo tienen. Y punto.

La noticia, repito, en primera impresión mueve a risa, pero al poner más atención a los detalles mueve a preocupación. Será algo minúsculo en comparación con enormes problemas globales (hambre, medio ambiente, crisis económica), pero a mí entender en una pequeña muestra de uno de los grandes fallos de la raza humana: la enorme dificultad para entender al otro, para aceptar las diferencias.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Fútbol, religión y tolerancia

En las canchas futbolísticas de muchos países del mundo hay jugadores que hacen ostensible su condición de seguidores de algún credo religioso, generalmente cristiano o islámico.

Me encanta el fútbol, y me gustan poco o nada las religiones. Si puedo apreciar varios preceptos fundamentales de varias religiones –por ejemplo, uno de los Diez Mandamientos me parece fenomenal: no matarás-, pero en definitiva las religiones en sentido general me provocan demasiado sopor.

Pero eso es lo que yo pienso, no lo que muchos jugadores –de algunos de ellos me declaro fan- piensan y sienten. Una de las más grandes estrellas del fútbol actual es un cristiano (evangélico convencido), al punto de que su esposa ya está en trámites de instaurar un templo de su denominación religiosa en Madrid, donde llega este año para jugar con el Real Madrid. Me refiero a Kaká, el gran jugador brasileño. Muchas veces, tanto en su antiguo club, el Milán, como en la selección brasileña, ha hecho totalmente visible su condición de creyente en Jesucristo. Ejemplo de ello es que luego de grandes triunfos, como la última conquista de la Champions League por su ex equipo italiano, se sacó la camiseta del club para quedarse con una blanca donde decía algo así como “Pertenezco a Jesús”.

A raíz de la última edición de la Copa Confederaciones, ganada por Brasil en suelo sudafricano, el presidente de la Federación Danesa de Fútbol, Jim Stjerne, se quejó luego de que los brasileños en pleno se abocasen a la oración de corte cristiano al ganar en la final dicho torneo ante Estados Unidos.

Y a raíz de esto el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), el suizo Joseph Blatter, estudia la prohibición de manifestaciones religiosas en el Mundial 2010, a celebrarse en Sudáfrica, bajo el supuesto de que dicha medida evitaría posibles altercados. Igualmente el jefe máximo de la FIFA quiere impedir también los mensajes religiosos en las camisetas de los jugadores, sean estos creyentes cristianos o musulmanes. Con los budistas y de religión judía e hinduista parece no hay problemas, al no ser mencionados en las informaciones referentes a este tema.

Como es de suponer, el único estado que ha elevado una queja pública ante estas posibles medidas es el Vaticano. Aunque yo no sea un “amigo” ni fan del Vaticano, estoy de acuerdo con ellos…con un pero: mi tema no es defender a los futbolistas de creencias cristianas, sino a todos los que tengan alguna creencia, incluso, a quienes no tengan ninguna.

No soy cristiano, ni musulmán ni creyente en ninguna religión. De todas me parecen hay aspectos interesantes, pero me interesan esencialmente desde un punto de vista cultural, social y político, no en el plano de la fe y la cosmovisión que tiene cada una. Pero creo que sería un error limitar la capacidad de expresar sus creencias a los futbolistas. Para mí se trata de un aspecto esencial: la libertad de cultos, la misma que vindico para los no creyentes, algo que pocas veces ocurre en sociedades donde la religión o las religiones tienen a veces un peso aplastante en el campo social, cultural y político. República Dominicana me parece un buen ejemplo de esto que comento.

La idea de provocación me parece esencialmente cobarde, ya que parte del presupuesto que los cristianos deberían sentirse provocados y humillados si un jugador de creencia islámica celebrase con una invocación a Alá tras anotar un gol, digamos, en un partido semifinal del Mundial de Fútbol. Y viceversa, que los musulmanes deberían sentir arder las entrañas de cólera si un jugador confesamente cristiano celebrase la victoria de su equipo. No niego que hayan creyentes de uno y otro signo que puedan sentirse atacados aun cuando no haya ataque alguno, pero si las religiones se supone produzcan más bien que mal habrá que tratar a los creyentes de todas las religiones como adultos que tienen responsabilidades y deben ser responsables de sus actos, no como a bestias salvajes a las cuales hay que domar.

La FIFA es un órgano rector de un deporte, el más popular del mundo, pero no es un órgano rector de sociedades, ni culturas, ni creencias, y pienso que mal haría metiéndose en estos temas. Y en todo caso, si se quiere meter, pienso debería hacerlo para cultivar entre los jugadores y el mundo del fútbol en general la tolerancia y el respeto entre todas las creencias religiosas y entre todos los laicismos y ateísmos vigentes. Si tanto poder tiene en el mundo la FIFA bien podría contribuir para propagar la idea de que los sistemas educativos de la mayor parte del mundo enseñen en las aulas escolares la asignatura de “Religiones” y no solo de “Religión”. Niños y niñas criadas en la ortodoxia cristiana o musulmana o judía o hinduista pudieran en el porvenir tener un respeto y tolerancia mayor hacia las religiones que pueblan el planeta, sin dejar de ser cristianos, islámicos, hinduistas, etc.

¿Suena a utopía? Quizá. Pero el mundo en que vivimos alguna vez fue una utopía para otras realidades añejas. No siempre hubo burgueses y trabajadores libres (aunque muchos en el mundo se les paga como a esclavos) y mercado “libre”. Alguna vez había señores feudales y siervos, emperadores y esclavos. Este no es un mundo ideal, pero en muchos aspectos parece mejor que antaño. ¿Por qué no mirar más hacia las posibilidades del futuro? Al fin y al cabo muchas utopías contemporáneas serán las realidades futuras.

¿Efectivo, crédito o débito? Elija usted

La facilidad y comodidad –para muchos- de andar con nada o casi nada de dinero en efectivo ante la presencia de las tarjetas de crédito y/o débito, hace que muchas personas no puedan lógicamente pagar un bien o un servicio sin las "mágicas" tarjetas, mucho menos ofrecer una limosna o una ofrenda. La iglesia católica en Costa Rica ha notado esto, posiblemente ante una merma de las contribuciones de sus feligreses. Por eso harán una prueba mediante la cual la Visa, Mastercard o American Express podrán ser aliadas de las iglesias y parroquias ticas.

Al leer la noticia alrededor del 12 de agosto del presente año pensé inicialmente si no estaba leyendo algún portal humorístico. No. La noticia estaba fechada por la agencia de noticias españolas EFE. El proyecto es liderado por la Diócesis de San José, la capital costarricense; junto a dos bancos emisores de tarjetas. El plan iniciaría en septiembre del presente año, teniendo un periodo de prueba de seis meses, en el cual estará disponible en 13 de las 110 parroquias de la provincia de San José.

El donativo mínimo será de 1,7 dólares, que serán cobrados a quienes decidan ofrecer la limosna. Para tales fines habrá los aparatos especializados para tales fines instalados en las oficinas parroquiales. Si el proyecto funciona se podría extender a otros templos católicos. Pero, la iglesia seguirá utilizando las cajas y bolsas tradicionales para recibir estos emolumentos.

La información también abarca las declaraciones de un miembro de la Diócesis de San José afirmando que dicha medida es para proporcionar a los fieles opciones nuevas de pago acorde a sus preferencias.

No puedo ni debo afirmarlo, especialmente porque conozco poco o nada de la generosidad o la racionalidad costarricense respecto al dinero, pero no sería nada sorprendente que varios feligreses que nunca andan con un céntimo en la cartera o los bolsillos tomasen a partir de septiembre la precaución de salir de sus casas con el equivalente de 0.50 centavos de dólar, o 0.75 o un dólar antes de llegar a la iglesia. Al fin y al cabo, en América Latina todavía hay muchas personas que tienen que vivir con un equivalente de dos dólares o menos al día.

¿Es aceptable? ¿Es condenable? A priori ni niego ni afirmo ninguna de las posibilidades de plantearse el tema, pero si me parece extraño y un poco desconcertante que un símbolo tan claramente capitalista como las tarjetas de crédito y débito tengan un hogar en los templos de culto católico. ¿O es realmente extraño? ¿No pecaré quizá de ingenuidad? ¿Acaso no es ingenuo de mi parte disociar de manera tan radical iglesia católica y capitalismo?

Además, al afirmarse en la noticia que esto es para proporcionar opciones de pago según las preferencias de los feligreses, ¿se está realmente respetando las preferencias de los mismos? ¿Preferencia no sería ofrecer la limosna o no ofrecerla, no tanto el medio en el cual ofrecerla dejando fuera la posibilidad de no darla? No me deja de inquietar que el término “preferencia” sea utilizado por la iglesia católica –y otros credos más-, cuando generalmente sus bases de sustentación se alimentan de dogmas, que por lo general es el reverso de la libertad, elemento fundamental para poder elegir preferencias. ¿Seguiré pecando de ingenuo?

miércoles, 20 de mayo de 2009

Benedetti por Benedetti

Ayer escribí un post sobre Mario Benedetti. Hoy no pienso escribir de nuevo sobre uno de los autores más queridos de Latinoamérica. Hoy solo quiero compartir algunos versos, frases y fragmentos de la obra narrativa del autor uruguayo. Sencillamente, Benedetti por Benedetti. Esto no es un homenaje, es sencillamente una vía para compartir aquello que ha sido importante con ustedes. El verdadero homenaje no tiene fecha y su lugar está en los libros del autor: es, únicamente, seguir leyéndolo y releyéndolo, con emoción, con interés y con renovada curiosidad.

Algunos poemas

Rostro de ti
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda
y más simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Currículum
El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente
usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica
usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros
usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío
entonces
usted muere.

La vida ese paréntesis
Cuando el no ser queda en suspenso
se abre la vida ese paréntesis
con un vagido universal de hambre
somos hambrientos desde el vamos
y lo seremos hasta el vámonos
después de mucho descubrir
y brevemente amar y acostumbrarnos
a la fallida eternidad
la vida se clausura en vida
la vida ese paréntesis
también se cierra incurre
en un vagido uiniversal
el último
y entonces sólo entonces
el no ser sigue para siempre.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

Algunas frases

Yo no sé si dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.

Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.

Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida.

La mariposa recordará por siempre que fue gusano.

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio.

No hay alegría más alegre que el prólogo de la alegría.

Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida.

Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.

Me jode confesarlo, pero la vida es también un bandoneón.

Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo.

La muerte es una traición de Dios.

La perfección es una pulida colección de errores.


Fragmentos de la novela “La tregua” (1960)

Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz.

Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.

Fragmento de la novela “Gracias por el fuego” (1965)

Lo único seguro es que estás existiendo, Dolores, en algún rincón de este día, en algún lugar del mundo, sola o con alguien, pero sin mí. Lo único seguro es que sos mejor que todas tus imágenes, que todas las imágenes que yo tengo de vos. ¿Quise esperar este instante a solas, sin prisa exterior y sin testigos, para decirme con todas las letras, que estoy enamorado? Quizá sólo semienamorado. Porque ella dice que no, que no me quiere.

martes, 19 de mayo de 2009

Gracias Benedetti

Ha muerto.

Dos palabras que indican el fin de una trayectoria de vida. Ha muerto. Mario Benedetti ha muerto.

Enciendo el televisor la noche del domingo 17 de mayo. Busco las noticias. Y la primera noticia con la que me topo es esa: Mario Benedetti ha muerto.

Sabía que estaba gravemente enfermo y con varios días hospitalizado. Sabía que tenía una edad avanzada en la que todo ser humano ha pensado en la muerte como algo cercano, no solo como una posibilidad. Sé porque he visto morir a mis dos abuelos, a mis dos abuelas y a algunos amigos que la gente muere, siempre se muere, pero ese conocimiento racional no pudo impedir algún suspiro y algunas lágrimas. No era mi amigo, él no me conoció como no le conoció a muchos de ustedes, pero los textos de Benedetti son tan cercanos a muchos de nosotros, lectores latinoamericanos, que su partida es un poco la partida de un amigo.

No voy a ser tan sentimental como para decir que Benedetti fue uno de los más grandes escritores de América Latina en el siglo XX. No. No voy a caer en la apología fácil y en la sensiblería irracional. El autor uruguayo escribió y publicó muchos libros, pero varios de ellos no son libros para poblar la inmortalidad literaria. Algunos, sí.

A pesar de que su producción mayoritaria fue en el ámbito de la poesía, prefiero al Benedetti narrador y prosista. Su libro de cuentos Montevideanos tiene varios relatos que reflejan con inigualable maestría a las clases medias urbanas del Uruguay, el espectro de personajes que él muchas veces dijo eran sobre los que mejor podía escribir porque eran los personajes que mejor conocía. Y en el ámbito novelístico destaco sobre manera La tregua, novela corta pero honda, en la cual un hombre que ha visto pasar sin dudas sus mejores años siente que vuelve a vivir junto a la pasión desatada por la presencia en su vida de Avellaneda, cuya muerte es el fin en vida de su propia vida, la llave fatal que clausuraba el último resquicio de esperanza de un oficinista en lograr eso que ya no tenía: una vida, no una subsistencia.

No reniego de sus poemas, de hecho, muchos de hechos me gustan y los he disfrutado, tanto en la lectura de sus obras como en las canciones de los cantautores que le interpretaron, como en El sur también existe, producción discográfica del artista español Joan Manuel Serrat. Pero en Benedetti no hubo muchas veces una diferenciación estricta entre sus libros y sus preferencias y militancias políticas y sociales, por lo que una parte apreciable de su obra presenta diversas concesiones que no fueron necesariamente un punto fuerte en la visión global de sus escritos.

Ahora, algo muy cierto es lo siguiente: a Benedetti se le podía amar a rabiar. No era el tipo de escritor al cual se le podía leer con demasiada objetividad. Ni el personaje ni la obra eran de corte objetivo, sino más bien pasional, intuitivo. Y muchos de sus lectores han sido y serán así: pasionales hasta rabiar. Desmerito para algunos, mérito para Benedetti, que tenía una capacidad impresionante para entablar nexos fuerte con los lectores, siendo capaz de desarrollar a través de su obra una simpatía y cariño con los lectores que autores de mayor fuste fueron incapaces de lograr.

Más allá de que no fuese el mejor escritor uruguayo –lo era Onetti, según sus propias palabras-, más allá de ciertas imperfecciones en el contexto general de su obra (de las que rescato para la eternidad La tregua y Montevideanos, sin ninguna duda), hay que dar las gracias por sus escritos a Mario Benedetti. Provocó mucha emoción, mucha risa, muchas lágrimas, no pocos romances, y provocó también el acercamiento a la poesía y a la literatura de no pocos lectores que lo fueron a partir del acercamiento a sus libros. Más allá de los premios que no alcanzó, logró mucho, y seguramente logró mucho de lo que quería lograr. Gracias Benedetti.

jueves, 2 de abril de 2009

La “tranquilidad” de Guantánamo

“Relajante, tranquilo y hermoso”, fueron palabras utilizadas por la Miss Universo 2008, la venezolana Dayana Mendoza para referirse no a Isla Margarita, o Las Terrenas, o la Costa Azul francesa o la isla de Capri en Italia…sino a Guantánamo.

La forma en que la actual Miss Universo se refirió a Guantánamo, que aunque en territorio cubano pertenece al Gobierno de Estados Unidos, apareció en un post de su blog, el cual ante las numerosas críticas en su país y en muchos medios de prensa del resto del mundo ha sido eliminado.

En Guantánamo hay una base militar de 116 kilómetros cuadrados donde están detenidos centenares de presos por Estados Unidos, la mayoría de ellos acusados de terrorismo, aunque ya ha habido casos en que se ha comprobado el error de esa acusación. Según la prensa internacional las autoridades de Miss Universo han calificado esas declaraciones de “equivocación”. Como superficial han sido consideradas en muchas partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, las declaraciones de Miss Mendoza, en el mejor de los casos, ya que en el peor se le ha endilgado el defecto de superficialidad a su persona.

''Visitamos los campos de los detenidos y vimos las celdas, las duchas, cómo se entretienen con películas, clases de arte, libros. Fue todo muy interesante'', expresó la Miss venezolana. Sin comentarios. Basta con ver la foto de este post o docenas y docenas más que se encuentran en la Red para pensar si es posible que la estén pasando cool estos detenidos.

¿Superficial? Quizá, ¿no? Porque, ¿desde cuándo se le debe exige profundidad y elevada capacidad de análisis a una reina de belleza? ¿No sería esto algo contraproducente a los méritos que necesita una aspirante para llegar a tan alto nivel de reinado?

Esto me recuerda, en el tema de la superficialidad, una ocasión en que en un concurso de Miss República Dominicana –no recuerdo el año ni el nombre de la inteligencia suprema que respondió la pregunta- a una de las concursantes le preguntaron quien era su escritor favorito y ella respondió “Joaquín Balaguer”. En ese momento el extinto mandatario gobernaba en el país, y acto seguido a la respuesta hubo varios segundos de furibundos aplausos, gente parándose de sus asientos aplaudiendo a rabiar, y parece que motivado por todo este apoyo instantáneo la concursante adornó su respuesta con algo así como “no lo he leído, pero me han dicho que es muy bueno”. Genial, sencillamente, genial.

Una periodista venezolana expresó a raíz del escándalo generado por el post de la Miss venezolana que hace algunos años una Miss Venezuela declaró en un concurso que le encantaba “la música de William Shakespeare”. También genial, más que genial: una obra maestra.

Quizá sea injusto considerar que toda mujer que alcancé un reinado de belleza sea o tenga que ser superficial. Si bien no soy un fan de la televisión (a menos que sea para ver noticias, series de televisión, películas y eventos deportivos, generalmente fútbol), creo recordar que una ex Miss Mundo, Marisela Álvarez, realizaba un programa con un contenido interesante y con mucha propiedad en la conducción.

Pero, ¿son estos la mayoría de los casos? Lo dudo, no tengo la absoluta certeza -¿quién ha hecho una investigación al respecto?-, pero lo dudo.

Si bien mérito debe tener el ganar un Miss Universo entre tantas concursantes, previo ganar en el país de origen, ese mérito no otorga una autoridad automática para opinar sobre lo que sea y cuando sea, mucho menos de temas de tan alta sensibilidad y gravedad como el de Guantánamo. Como he escuchado a muchas personas de generaciones anteriores desde pequeño, para ciertas cosas hay que “tirar muchas páginas para la izquierda”.

miércoles, 1 de abril de 2009

Aforismos, o pensamiento en pocas palabras

Al leer por lo general entre mis dedos se encuentra o un lápiz o un marcador. Hay frases o párrafos que no puedo dejar de subrayar, ya sea por la belleza, por la aguda inteligencia o el sorprendente ingenio.

Por esos motivos también soy un apasionado a los aforismos y frases –incluso refranes- que considero brillantes. El filósofo rumano en lengua francesa Emile Ciorán era un experto en este sentido, ya que buena parte de sus obras están escritas en formato de aforismos. Esta primera entrega de este blog que inauguro formalmente en este momento (que miedo, me sentí pomposo por un segundo) deseo compartir algunos de esos aforismos, frases y/o refranes que me han obligado más de una ocasión a pensar, reflexionar, emocionalmente o simplemente reírme con la mandíbula exigiendo descanso.

Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva.
Mark Twain.

Los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos a la ligera.
Gilbert Keith Chesterton.

De cerca, nadie es normal.
Caetano Veloso.

La vida no es significado; la vida es deseo.
Charles Chaplin.

El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido. Groucho Marx.

Un vestido carece totalmente de sentido, salvo el de inspirar a los hombres el deseo de quitártelo.
Françoise Sagan.

Cuando las personas tienen libertad para hacer lo que quieren, por lo general comienzan a imitarse mutuamente.
Françoise Sagan.

En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.
Groucho Marx.

El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.
Mark Twain.

Siempre tenemos la impresión de que podríamos hacer mejor lo que los otros hacen. Desgraciadamente, no tenemos el mismo sentimiento hacia lo que nosotros mismos hacemos. Emile Ciorán.

Es increíble que la perspectiva de tener un biógrafo no haya hecho desistir a nadie de tener una vida.
Emile Ciorán.

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlo, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados.
Groucho Marx.

¿Quién ha dicho que la vida es un sueño? La vida es un juego.
Gabriele D’Annunzio.

El periodismo consiste esencialmente en decir “Lord Jones ha muerto” a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo.
Gilbert Keith Chesterton.

No rompas el silencio si no es para mejorarlo.
Proverbio chino.

Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.
Confucio.

Un actor es una persona que no te escucha, a menos que estés hablando de él.
Marlon Brando.

A cualquier mujer le gustaría ser fiel. Lo difícil es hallar el hombre a quien serle fiel.
Marlene Dietrich.

El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.
Milán Kundera.

Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!
Groucho Marx.